La saga de Antoine Doinel: El encanto de la neurosis masculina. Consideraciones subjetivas sobre un enfant terrible

Siguiendo con mi ya típica tendencia a obsesionarme con personajes de ficción, volví a Antoine Doinel. Este muchacho fue creado por la mente de François Truffaut, el cineasta (con todas las letras) francés. Y lo que es aún más determinante para mi obsesión, intepretado, en las cinco películas que constituyen la saga, por el actor Jean-Pierre Léaud, quizás conocido para los que vieron El último tango en París (allí hace del novio de la chica). Últimamente suelo encariñarme demasiado con personajes ficticios que me devuelven el reflejo de mi propio masoquismo y afectividad desbordante... Digamos que he reemplazado la compensación inagurada en la infancia después de ver demasiados príncipes azules, por esta especie de fascinación signada por la paradoja.
Lo que quiero decir es lo siguiente: Antoine es la clase de chico que sabemos que no nos conviene, pero por el que terminamos suspirando y al que le consagramos caudales de energía transformada... Aquel enfant terrible con el que deseamos vivir un affaire "diferente"... para terminar convirtiéndonos en una suerte de Miss Marple con ataque de nervios. "Sabemos" que tenemos que salir del caos emocional más violento en el que nos encontramos, pero... no queremos.
Al ver la primera película de la saga, Los 400 golpes (1959) que comienza cuando Antoine es adolescente, no pasa inadvertida la importancia de la falta de cariño materno en la vida del muchacho y una rebeldía que se las trae. En la siguiente (un mediometraje), L´amour a vingt ans (El amor a los veinte años, 1962), Antoine persigue implacablemente a una chica bastante más grande que él (ejem... Edipo... ejem) Colette, que lo considera únicamente un buen amigo. Estas dos mujeres son las que lo van a marcar de forma indeleble... en su transición hacia el chico neurótico, vanidoso, cínico e hiperactivo, ocurrente e inteligente, amante de la música clásica y de las buhardillas al mejor estilo La Bohème, que se va a mantener en las siguientes "entregas". Viéndolo así, quién de nosotras podría negar que lo primero que se le ocurre es pensar: "mejor tenerlo de amigo"... Nos haría reír y aceptaría nuestro amistoso cariño. Éste nos sería recíproco. También sostendríamos interesantes conversaciones.
Pero resulta que Antoine es un seductor-a-pesar-suyo y un romántico. Esos gestos que corresponden a la primera característica (correrse el cabello de la frente con toda la onda, rozarle la mejilla a las chicas con la mano con un encanto perturbador...) para algunas son infalibles. Pero juntemos las dos tendencias de su personalidad y sale un Don Juan empedernido que no puede sentar cabeza. Sus desventuras (véase la tercera parte, Baisers volés -Besos robados, 1968, en la que vemos la mejor representación de histeria masculina jamás filmada- y la cuarta, Domicile conjugal -Domicilio conyugal, 1970)... son parte de su naturaleza y nos resultan simpáticas. A esta altura ya estamos perdidas.
Y ni hablar de la última, L´amour en fuite (el amor en fuga, 1979). Tiene un final bastante feliz (todavía tengo que procesar eso del final feliz: podría encontrarme con una muy interesante variedad sobre la ironía, así que no lo voy a escribir en piedra) pero lo que constituye para mí el tiro de gracia en este idilio es la aparición de la escritura en toda esta historia. Antoine escribe una novela autobiográfica. Pero la frutilla de la torta de la neurosis es que opera sobre el material, su propia vida, de una forma de la que no se sabe si se trata de auto-parodia, espíritu lúdico o reflexión sobre lo que es o pudo haber sido. No sé si Truffaut habrá leído a Proust; en todo caso para mí la escritura no es un "dogma", pero no termino de arribar a conclusiones definitivas al respecto. Digamos que es una cuestión que me ocupa bastante y que tampoco creo poder desentrañar.
Ahora estamos perdidas y sin retorno: Antoine es un enigma viviente. Su autobiografía se nos escapa de las manos, a él también. Y los enigmas, como toda arma de doble filo, tienen su encanto y ese encanto no se esfuma nunca... Irrésistible

Etiquetas: cine

2 Comments:
Ah, esos niños terribles... carismaticos, seductores y neuroticos, en la vida real mejor mantenerse lejos de ellos (a menos que una quiera terminar en el psicologo) - pero como resistirseles desde la (relativa) seguridad del cine, con una pantalla que nos separe?
Para mi *el* niño peligroso pero irresistible por excelencia es Dorian Grey - sospecho que estas de acuerdo conmigo...
Jajaja estás en lo cierto!! El ingrediente letal: esa belleza perversa!! Y todo lo que arrastra con ella...
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