Words So Leisured

¿Que quienes son estas dos locas? Presentando a Nastasya (22 años, estudiante de Lengua y Literatura Inglesa en la UNLP) y Tatiana (24 años, estudiante de Letras en la UBA) - dos chicas lectoras enamoradas de Dostoievski, Mr. Darcy y Alexander Kapranos... uno de ellos esta muerto, el otro es un personaje ficticio y el ultimo es una estrella de rock que probablemente nunca les daria bola - pero bueno, la esperanza es lo ultimo que se pierde...

lunes, noviembre 27, 2006

"Le complacía ver su propia vida y las ajenas con tan terrible claridad"...



Hace poco volví a ver la película Anna Karenina (1997, dirigida por Bernard Rose, el
mismo de "Amada inmortal"), protagonizada por Sophie Marceau. Cuando terminó me
encontré sosteniendo la idea de que esta versión (casi completamente fiel a la novela) era una adaptación "crítica" de la obra de Tolstoi, por la presentación deliberadamente enfática de los personajes secundarios como templos de la hipocresía aristocrática (con la habilidad suficiente para no hacerlos aparecer como arquetipos) y la línea muy marcada de educación religiosa-existencial que atraviesa el personaje de Levin -es presentado en su actitud pasiva como un receptáculo de enseñanzas espirituales bajo numerosas "señales", para terminar, en una palabra, feliz, colmado, realizado -, en contraste con la supuesta decadencia de Anna. Considerando el aspecto de la personalidad de Tolstoi que tenía más presente, el de moralista consecuente con la fe cristiana, suponía que la versión cinematográfica de Anna como personaje reivindicaba valores imposibles de encajar en los convencionalismos sociales y religiosos, una suerte de individualismo o autonomía "rebeldes", claramente utópicos en la sociedad zarista, plena de personajes acartonados, rectos, acostumbrados.
En el curso que tomaba esa idea de oponer la versión Tolstoi con la versión Rose,
admiré el hecho de que la película dejara que los personajes hablaran por sí mismos y fueran develando sus matices por capas, a través de la progresión de las diversas
situaciones de la trama (Lidia Ivanovna, autoproclamada "salvadora espiritual" de
Karenin, por el que siente una atracción sublimada-, Vronskaya -la madre de Vronsky-, que le reprocha a su hijo la decisión de no abandonar a Anna ya que la misma "carece de sustento moral", Kitty y Dolly -mujeres con el ideal del matrimonio perfecto, una casada después de un desencanto y la otra engañada por su marido-, etc). Como resultado de estas comparaciones mi admiración por Tolstoi se tornó ambigua y decidí releer la novela para confirmar mis sospechas. Apelar a pasadas lecturas universitarias sobre teorías literarias conflictivas en Rusia (en especial el contacto con un ensayo de Tolstoi en el que reivindica la finalidad "trascendente" del arte, en consonancia con la conciencia religiosa de la época), me dio la sensación de estar en lo cierto.
Pero fracasé rotundamente. La versión cinematográfica tenía mucho más en común con
la novela que lo que me había parecido en un primer momento.
El haber leído la novela por primera vez en la secundaria, cuando lo que más me
interesaba era la historia de amor prohibido entre Anna y Vronsky (un antihéroe en el peor sentido del término) seguramente me hizo pasar por alto detalles importantes.
Mi primera sensación de fracaso se dio cuando empecé a hurgar en la biografía de
Tolstoi (antes de que mis profesores de la facultad sientan extrañas puntadas en el
estómago por culpa de la perpetuación de esta última frase, digo: ellos no me
inculcaron el biografismo -¡¡mala palabra, anatema, etc!! Pero al fin y al cabo se trata de un ruso decimonónico, así que me tomo mis licencias irreverentemente).
Para dar una idea, los rasgos más notables de la misma son los siguientes: de familia noble, heredó el título de conde. Pero terminó abandonando a su familia para vivir del oficio de zapatero en compañía de los campesinos, a quienes al final de su vida quiso donar todas sus tierras y propiedades (su esposa lo impidió). Aún siendo expresamente religioso, fue excomulgado por las críticas a la institución eclesiástica en una de sus obras, y considerado "cristiano libertario" (su aspiración era mejorar la vida de los siervos y los campesinos para que adquiriesen estatus de seres humanos, defendió la abolición de la propiedad y reivindicó la pobreza voluntaria y el trabajo manual). Sus lecturas de cabecera fueron la Biblia, Pushkin y Rousseau.
Mi segunda sensación de fracaso surgió cuando el suicidio de Anna empezó a aparecer
bajo otras luces. El preámbulo es iluminador: un monólogo interior avasallante (un ruso en el siglo XIX aplicó el recurso vanguardista moderno del fluír de la conciencia, que conste), en el que los principales representantes de la sociedad (maridos, políticos, soldados, maestros...) son presentados en todo su absurdo y convencionalidad (esto en la película resulta efectivo, sumamente efectivo).
Esto, sumado al hecho de que el narrador principal sea Levin, descoloca : es su
"redención" y su encuentro consigo mismo... en contraposición al encuentro nada feliz de Anna con lo que ELLA QUIERE SER, y no puede. Cuando terminamos de leer la
última frase del libro, el "sentido del bien" -si somos lectores paranoicos- se ve opacado por la palabra que aparece un poco antes, "azar". Relacionar esas dos nociones para llegar a resultados no demasiado reconfortantes es una tentación irresistible. Si todos los finales cerraran en una fórmula reduccionista y los escritores no fueran personalidades complejas y fascinantes, todo ya hubiera sido dicho y las reflexiones no hubieran superado el agotamiento. Después de todo, hasta el realismo de Tolstoi es poco ortodoxo, el arte verdadero se basa en la experiencia: su condición principal, según sus propias palabras, es la sinceridad...

Etiquetas:

sábado, noviembre 11, 2006

Pasión y tradición en el cine de Ang Lee


Desde que se hizo conocido para el publico occidental hará unos diez años, Ang Lee ha filmado: un drama indie ambientado en los 70, una adaptación de Jane Austen, una épica de artes marciales hablada en chino mandarin, la adaptación de un comic de superhéroes, y cierto western gay que le valdría finalmente un Oscar. Sin duda, su habilidad de saltar de género en género y su obvio virtuosismo a la hora de adaptar su estilo a las demandas del material lo señalan como un director sorprendentemente versátil… sin embargo, me parece a mi que cuanto más uno ve de Lee, más se termina convenciendo de algo que parece descabellado a simple vista: el hombre no hace más que contar – en el fondo – la misma historia.

O más que la misma historia – me corrijo – Lee desarrolla siempre del mismo tema: la gran constante de su obra es la tensión entre tradición e innovación, represión y pasión… o, como la película que lo hizo conocido de este lado del mundo, sensatez y sentimientos. Sus personajes – que casi siempre son dos, opuestos pero (¡que estereotipadamente asiático ese concepto!) complementarios – representan esta tensión. En la excelente S&S (con un fantástico guión de Emma Thompson que es a mi juicio mejor que la novela original de Austen), los opuestos son las hermanas Elinor (Thompson) y Marianne (Kate Winslet): una de ellas presa de convencionalismos e incapaz de darle rienda suelta a sus pasiones, la otra soñadora e impulsiva en extremo. En la melodramática El Tigre y el Dragon las mujeres no usan corset, pero también sienten la presión de una sociedad que restringe sus opciones: la jovencita Jen (Zhang Ziyi, figurita repetida en cuanta peli china veo) es la rebelde y apasionada que le escapa a un matrimonio arreglado robándose una espada legendaria y volviéndose contra todas las figuras de autoridad que encuentra – la más madura (Michelle Yeoh) es una mujer que eligió una vida independiente como guerrera pero que no se permite siquiera declararle su amor a su amigo y compañero de años. En la flojísima Hulk (acaso el gran paso en falso de Lee, que creyo que si, se podia hacer un drama psicológico sobre un hombre que se pone verde cuando se enoja) los dos aspectos se unifican en una psiquis fragmentada, con un protagonista Jekyll reprimido y acomplejado hasta la medula ocasionalmente poseído por su Mr. Hyde interno.

Afortunadamente en Secreto en la Montaña Lee vuelve a sus raíces (¡y se deja de joder con el comic!), animándosele a un drama más intimista, una deconstruction del mito masculino por excelencia en los Estados Unidos (¡no se metan con John Wayne!) y una temática gay bastante controvertida. Aquí vuelven a ser dos los personajes que representan la tensión entre la realización individual y las demandas de la comunidad, entre dejarse llevar por las emociones o por la censura que nos imponen los otros. Esta vez – cabe aclarar – se trata de dos hombres, y si bien – como otras películas que ha filmado - hay dos parejas heterosexuales cuyas historias se cuentan paralelamente, el romance central es entre Ennis (un sorprendentemente efectivo Heath Ledger) y Jack (Jake Gyllenhaal). Ennis es callado, inexpresivo, y secretamente asustado de sus propios deseos. Jack, por el contrario, representa la libertad, la ingenuidad y la pasión… pero – tal como los excesos de sensibilidad de Marianne casi la llevan a una muerte prematura – Jack es para Ennis también la tentación, y la posibilidad de encaminarse hacia la propia destrucción. La gran tragedia de Secreto en la Montaña esta interiorizada – no es la censura que un villano intolerante impone lo que separa a los amantes, sino los patrones de conducta tan arraigados en los propios protagonistas (particularmente en Ennis, que vio a un homosexual asesinado a golpes de niño y creció odiándose a si mismo desde entonces). Porque, dice Lee, abandonarse al exceso y escaparle a la responsabilidad no puede conducir a nada… pero negarse a uno mismo hasta que sea demasiado tarde tampoco puede ser la solución.

Eventualmente, la impulsiva Jen consigue madurar y aprender de sus errores, y la reprimida Elinor finalmente confiesa su amor… pero la cruda resolución del conflicto que propone Secreto en la Montaña nos deja con un sabor amargo en la boca. Quizás porque Lee sabe demasiado bien que – por más Oscars que reciba - la sociedad norteamericana seguirá negándole a Jack y Ennis su final feliz por unos cuantos años más.

Etiquetas: