"Le complacía ver su propia vida y las ajenas con tan terrible claridad"...

Hace poco volví a ver la película Anna Karenina (1997, dirigida por Bernard Rose, el
mismo de "Amada inmortal"), protagonizada por Sophie Marceau. Cuando terminó me
encontré sosteniendo la idea de que esta versión (casi completamente fiel a la novela) era una adaptación "crítica" de la obra de Tolstoi, por la presentación deliberadamente enfática de los personajes secundarios como templos de la hipocresía aristocrática (con la habilidad suficiente para no hacerlos aparecer como arquetipos) y la línea muy marcada de educación religiosa-existencial que atraviesa el personaje de Levin -es presentado en su actitud pasiva como un receptáculo de enseñanzas espirituales bajo numerosas "señales", para terminar, en una palabra, feliz, colmado, realizado -, en contraste con la supuesta decadencia de Anna. Considerando el aspecto de la personalidad de Tolstoi que tenía más presente, el de moralista consecuente con la fe cristiana, suponía que la versión cinematográfica de Anna como personaje reivindicaba valores imposibles de encajar en los convencionalismos sociales y religiosos, una suerte de individualismo o autonomía "rebeldes", claramente utópicos en la sociedad zarista, plena de personajes acartonados, rectos, acostumbrados.
En el curso que tomaba esa idea de oponer la versión Tolstoi con la versión Rose,
admiré el hecho de que la película dejara que los personajes hablaran por sí mismos y fueran develando sus matices por capas, a través de la progresión de las diversas
situaciones de la trama (Lidia Ivanovna, autoproclamada "salvadora espiritual" de
Karenin, por el que siente una atracción sublimada-, Vronskaya -la madre de Vronsky-, que le reprocha a su hijo la decisión de no abandonar a Anna ya que la misma "carece de sustento moral", Kitty y Dolly -mujeres con el ideal del matrimonio perfecto, una casada después de un desencanto y la otra engañada por su marido-, etc). Como resultado de estas comparaciones mi admiración por Tolstoi se tornó ambigua y decidí releer la novela para confirmar mis sospechas. Apelar a pasadas lecturas universitarias sobre teorías literarias conflictivas en Rusia (en especial el contacto con un ensayo de Tolstoi en el que reivindica la finalidad "trascendente" del arte, en consonancia con la conciencia religiosa de la época), me dio la sensación de estar en lo cierto.
Pero fracasé rotundamente. La versión cinematográfica tenía mucho más en común con
la novela que lo que me había parecido en un primer momento.
El haber leído la novela por primera vez en la secundaria, cuando lo que más me
interesaba era la historia de amor prohibido entre Anna y Vronsky (un antihéroe en el peor sentido del término) seguramente me hizo pasar por alto detalles importantes.
Mi primera sensación de fracaso se dio cuando empecé a hurgar en la biografía de
Tolstoi (antes de que mis profesores de la facultad sientan extrañas puntadas en el
estómago por culpa de la perpetuación de esta última frase, digo: ellos no me
inculcaron el biografismo -¡¡mala palabra, anatema, etc!! Pero al fin y al cabo se trata de un ruso decimonónico, así que me tomo mis licencias irreverentemente).
Para dar una idea, los rasgos más notables de la misma son los siguientes: de familia noble, heredó el título de conde. Pero terminó abandonando a su familia para vivir del oficio de zapatero en compañía de los campesinos, a quienes al final de su vida quiso donar todas sus tierras y propiedades (su esposa lo impidió). Aún siendo expresamente religioso, fue excomulgado por las críticas a la institución eclesiástica en una de sus obras, y considerado "cristiano libertario" (su aspiración era mejorar la vida de los siervos y los campesinos para que adquiriesen estatus de seres humanos, defendió la abolición de la propiedad y reivindicó la pobreza voluntaria y el trabajo manual). Sus lecturas de cabecera fueron la Biblia, Pushkin y Rousseau.
Mi segunda sensación de fracaso surgió cuando el suicidio de Anna empezó a aparecer
bajo otras luces. El preámbulo es iluminador: un monólogo interior avasallante (un ruso en el siglo XIX aplicó el recurso vanguardista moderno del fluír de la conciencia, que conste), en el que los principales representantes de la sociedad (maridos, políticos, soldados, maestros...) son presentados en todo su absurdo y convencionalidad (esto en la película resulta efectivo, sumamente efectivo).
Esto, sumado al hecho de que el narrador principal sea Levin, descoloca : es su
"redención" y su encuentro consigo mismo... en contraposición al encuentro nada feliz de Anna con lo que ELLA QUIERE SER, y no puede. Cuando terminamos de leer la
última frase del libro, el "sentido del bien" -si somos lectores paranoicos- se ve opacado por la palabra que aparece un poco antes, "azar". Relacionar esas dos nociones para llegar a resultados no demasiado reconfortantes es una tentación irresistible. Si todos los finales cerraran en una fórmula reduccionista y los escritores no fueran personalidades complejas y fascinantes, todo ya hubiera sido dicho y las reflexiones no hubieran superado el agotamiento. Después de todo, hasta el realismo de Tolstoi es poco ortodoxo, el arte verdadero se basa en la experiencia: su condición principal, según sus propias palabras, es la sinceridad...
Etiquetas: cine

4 Comments:
... ¿me matas si admito que nunca lei la novela, pero cada vez que pesco la peli en cable me quedo mirando a Sean Bean como embobada?
no, no te mato jajajaja
pero odio a Vronsky, lo odio
Sean Bean zafa de mi odio por un pelo
porque ... seeee está demasiado bueno.
nuestra combinación de geekismo y fangirlismo es demasiado grosa para existir xd
¿Quien dijo que las geeks no pueden ser fangirls? Yo defiendo a muerte la combinacion de inteligencia y frivolidad. XD
Es una buena combinación y hay que saber llevarla
Cosa que nosotras hacemos de manera impecable
Las Bacantes es el mejor ejemplo
:)
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