El Mercader de Venecia - rescribiendo un clásico de Shakespeare

Venecia, 1596. Antonio (Jeremy Irons), un rico mercader, recibe la visita de su amigo y protegido, el joven Bassanio (Joseph Fiennes), quien le solicita dinero para poder viajar para seducir una rica heredera, Portia (Lynn Collins), y así tomar posesión de una gran fortuna y saldar sus deudas. Pero todo el capital de Antonio esta en los mares, invertido en su negocio, así que tendrá que recurrir al usurero Shylock (Al Pacino), un judío al que Antonio ha despreciado en más de una ocasión, y que no dudara en buscar venganza por los malos tratos recibidos cuando Antonio se encuentre repentinamente en la ruina, incapaz de devolver el dinero.
Originalmente, el Mercader de Venecia era una comedia – tiene, de hecho, todas las características de la comedia shakespeareana: mal entendidos, episodios con chicas vestidas de chico, una heroína astuta que resulta victoriosa, y una trama que culmina en muchos matrimonios felices. Pero nadie se acuerda de la comedia romántica en El Mercader: el centro de la pieza, aun antes de llegar al siglo XX, es Shylock, inicialmente interpretado como una caricatura anti-semita, un bufón villanesco enamorado del dinero y consumido por el odio que será finalmente derrotado por los héroes cristianos.
Algunos amantes de Shakespeare se atajan: el judío avaro era un tipo característico de la comedia renacentista, los judíos habían sido expulsados de Inglaterra siglos atrás así que Shakespeare no sabia de lo que hablaba, no es una comedia racista, sino una comedia sobre el racismo, etc. Discutir la intención del autor no viene al caso – y, de hecho, si Shakespeare fuera tan transparente como para que pudiéramos adivinar su posición moral a primera vista, no seria un escritor tan interesante – pero, limitándose puramente a la trama, el anti-semitismo de la obra es indiscutible. Shylock es derrotado, ridiculizado, y lo pierde todo. Antonio, Bassanio y Portia se llenan la boca hablando de virtudes cristianas… pero nadie se acuerda de Shylock, vagando solo por los callejones de Venecia, cuando llega el final.
Obviamente, nadie quiere tocar el Mercader de Venecia en la época de la corrección política – como bien decía un crítico, se vuelve mucho más difícil reirnos de Shylock después de Auschwitz. Hay que aplaudir a Michael Radford, entonces, por animarse a adaptar una historia tan controvertida en el 2004 sin masacrar el material original. Obviamente, el planteo de esta version es algo distinto: el Shylock interpretado por Al Pacino tiene una cierta dignidad, y en su furia y reclamo de justicia (justicia de Viejo Testamento, dicho sea de paso) hay bastante de razonable. No se trata de blanquear a Shylock y transformarlo en una victima – lo más loable del planteo de Radford es mantiene la ambigüedad del original – pero de contextualizar el abuso y la segregación racial de la época, y permitirle a Shylock la complejidad y los matices de, por dar un ejemplo, Othello.
Mirando las entrevistas incluidas en el DVD, me decepciono un poco escuchar a Radford y a Pacino intentando justificar su lectura del material, diciendo que el Mercader es una exploración sobre el racismo, y que demuestra que la discriminación solo genera más odio – atribuyendole a Shakespeare valores más característicos de la posmodernidad que del renacimiento. Ojo, no me parece que este mal leer la obra desde esa optica (de hecho, es la unica perspectiva digerible para cualquiera que no sea un nazi, a esta altura) aunque pequen de ingenuos. Despues de todo, que Shakespeare permita tal multiplicidad de lecturas y de adaptaciones da cuenta de la complejidad de los textos y le aporta mayor riqueza a la puesta en escena - si se siguiera interpretando el Mercader como se hacia en el siglo diecisiete, no tendria nada que decir sobre y para nosotros, y sencillamente a nadie le interesaria.
La pelicula intenta una relectura similar de la relación (ambigua ya en el original) entre Antonio y Bassanio: la primera escena entre ambos ocurre en el dormitorio de Antonio, y Bassanio, luego de pedirle dinero para seducir a Portia, se despide con un beso no precisamente fraternal. Jeremy Irons, en las entrevistas, niega que Antonio sea homosexual – no se si estoy de acuerdo con él pero entiendo por donde pasan sus objeciones: es erróneo juzgar las relaciones en la Inglaterra isabelina con el patrón de conductas sexuales de nuestra época. Antonio bien podía amar a Bassanio sin identificarse como homosexual, o incluso buscar una relación sexual con él. Y creo que Joseph Fiennes esta en lo cierto cuando dice que Bassanio se aprovecha de este amor para manipular a Antonio, pero no sin cierta culpa y afecto genuino.
Homosexual o no, llegado el final el Mercader del titulo se queda tan solo y tan miserable como Shylock: después de todo Portia lo ha derrotado dulcemente, salvándole la vida y garantizando la fidelidad de Bassanio; la heredera que inicialmente era presentada en términos de valor monetario es la que da vuelta el tablero, paga los ducados de la deuda, logra solucionar el conflicto evitando el derramamiento de sangre y prácticamente compra el afecto de su novio (que apropiado que una obra sobre un usurero y un mercader este obsesionada con el comercio aun en las relaciones amorosas) – la escena en la que hace que Antonio le entregue el anillo de compromiso (¡notese que es el muchacho, y no la dama, quien lo lleva puesto!) a Bassanio es deliciosamente ironica. Otra que girl power.
El gran problema, claro, es que si esto fuera una comedia, todos aplaudiríamos a Portia felices. Pero Shylock es demasiado complejo, demasiado carismático, y su derrota no nos da ganas de festejar precisamente. ¿Por que no habria de vengarse, despues de todo? ¿Es justo esperar de él clemencia, cuando los cristianos jamas le devolverian la cortesia? Cuando la heroina consigue su victoria, y (mientras un aliviado Bassanio libera a Antonio) vuelve la cabeza para ver a Shylock abandonando la corte, insultado por los venecianos una vez más, el rostro de Portia expresa lo que el espectador ya sabe: que la victoria en estos términos bien puede dejar un sabor amargo en la boca.
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